lunes, 2 de febrero de 2015

Oración para poner la vida en manos de Dios


En tus manos Padre santo y misericordioso,
ponemos nuestra vida.
Vos nos la diste,
guíala y llénala de tus dones.
 
Vos estás a nuestro lado,
como roca sólida y amigo fiel,
aun cuando nos olvidamos de Vos.

Pero ahora volvemos a Vos.
Queremos agarrarnos a la guía
segura de tus manos,
que nos conducen a la cruz.
 
Sentimos la necesidad de meditar
y de callar mucho,
sentimos también la necesidad
de hablar para darte gracias
y para dar a conocer a todos los hombres
las maravillas de tu amor.
 
Nos separamos de Vos, fuente de la vida,
y encontramos la muerte. 
 
Tu Hijo sin embargo no se paró
ante el pecado y la muerte,
sino que con la fuerza del amor,
destruyó el pecado,
redimió el dolor, venció la muerte,
 
La cruz de Cristo nos revela que tu amor,
es más fuerte que todo,
el don misterioso y fecundo,
que mana de la cruz.

Es el Espíritu Santo,
que nos hace partícipes,
de la obediencia filial de Jesús,
Nos comunica tu voluntad
de atraer a todo hombre a
la alegría de una vida
reconciliada y renovada por
el Amor.
Amén.
 
Por Carlo María Martini S.J.

domingo, 1 de febrero de 2015

Oración de santo Tomás de Aquino para comenzar a estudiar


Oh inefable Creador nuestro,
altísimo principio y fuente verdadera de luz y sabiduría,
dígnate infundir el rayo de tu claridad sobre las tinieblas de mi inteligencia,
removiendo la doble oscuridad con la que nací: la del pecado y la ignorancia!
¡Tú, que haces elocuentes las lenguas de los pequeños,instruye la mía, e infunde en mis labios la gracia de tu bendición!
  
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facilidad para atender,
sutileza para interpretar
y gracia abundante para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.

¡Oh Señor! Dios y hombre verdadero, 
que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén


Por Santo Tomas de Aquino

jueves, 9 de mayo de 2013

OFRECIMIENTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN




¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo Oh Madre de bondad, guardame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya. Amén.

BENDITA SEA TU PUREZA





Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

Salve




Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

R. Amén

AVE MARÍA






Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


ACORDAOS, ¡OH PIADOSÍSIMA VIRGEN MARÍA!




Acordaos,
¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han
acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio,
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza ,
a Vos acudo,
oh Madre, Virgen de las vírgenes ,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas
benignamente. Amén